ENTRENAMIENTO FISICO
 
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REPOSISCION DE FLUIDOS
La reposición de fluidos durante el ejercicio contribuye al mantenimiento del volumen plasmático durante el ejercicio, ayudando a la homeostasis térmica y cardiovascular (Cheung y cols., 2000). Asimismo, la ingestión de fluidos durante el ejercicio proporciona una fuente de energía con el carbohidrato, completando las reservas gastadas, y abasteciendo de agua y electrolitos reemplazando las perdidas por sudor (Maughan y Noakes, 1991). De esta forma, existen varias reglas generales fáciles de seguir para la reposición de líquidos. La pauta generalmente aceptada para los climas cálidos, en el caso de los ciclistas, es que se beban dos botellas estándar de agua (0,6 litros) por cada hora y tengan una micción de orina clara al menos cada hora y media. La imposibilidad de orinar o la emisión de una orina amarilla indican deshidratación (Helzer-Julin, 1994). Brouns (1991) comenta que durante el ejercicio, el estado de hidratación del organismo puede estar influido por varios factores como la toma de fluido antes de la competición y durante la competición en relación a las pérdidas. Además recomienda visitar el baño 30-45 minutos antes del comienzo de la prueba para orinar y defecar, ya que ambos factores pueden influenciar en el comportamiento de los líquidos durante la competición.

    Wong y cols. (2000) realizaron una investigación en la que se examinó los efectos de una rehidratación per se, y de una rehidratación suplementada con carbohidratos durante el periodo de recuperación en una prueba de carrera de resistencia. El grupo control se rehidrataba con agua suplementada con una sustancia placebo que endulzaba la bebida. Sus resultados sugieren que una ingesta de CHO y electrolitos es más efectiva para la restauración de la capacidad de resistencia comparada con el mismo volumen de placebo, incluso aunque la rehidratación completa se lograse en ambas pruebas.

    En algunos eventos deportivos no basta con la simple rehidratación por vía oral y deben utilizarse vías alternativas. Tal es el caso de los triatletas del Ironman (Mayers y Noakes, 2000), quienes en ciertas ocasiones deben recibir fluidos intravenosos para rehidratarse una vez llegados a meta. Este tipo de rehidratación sólo debería utilizarse cuando hay clara evidencia de que: a) el atleta tiene deshidratación significativa (caracterizado por la mucosa de las membranas secas, la incapacidad de escupir, globo ocular hundido, etc.); b) la deshidratación causa inestabilidad cardiovascular significativa u otro problema específico médico; c) la deshidratación no puede tratarse efectivamente por una reposición oral; y d) si el paciente está inconsciente y las concentraciones de sodio en suero son mayores a 130 mmol/L.

    La ingesta única o múltiple de glicerol ha sido utilizada para producir hiperhidratación, con el propósito de incrementar la proporción de agua reabsorbida en los riñones (Cheung y cols., 2000). Se ha constatado incrementos totales del agua corporal de aproximadamente 1´5 L a corto plazo con la ingesta de glicerol, aunque sus efectos sobre el volumen plasmático pueden ser mínimos y enmascarados por otros factores (Latzka y cols., 1997). La ingesta de glicerol mejora los tiempos de resistencia durante un test continuo en ciclismo. No obstante, más allá de la disminución del rendimiento por los déficit de agua corporal, la eficacia de la hiperhidratación para mejorar la tolerancia del calor durante el ejercicio parece ser mínima (Cheung y cols., 2000). Latzka y cols. (1997) constataron que, al comparar un estado de hidratación normal con uno de hiperhidratación por la toma de agua o la ingesta de glicerol, no se reflejaron mejoras importantes en la temperatura corporal central (interna), en la temperatura de la piel, ni en las respuestas del sudor o de la frecuencia cardiaca durante exposiciones a estrés producido por calor con o sin compensación. Sheett y cols. (2001) estudiaron el efecto del glicerol como agente rehidratante, para lo cual 8 sujetos se sometieron en dos ocasiones a un protocolo de deshidratación, seguido de otro protocolo de rehidratación (180 minutos), y acabando con un protocolo de ejercicio. Al final, llegaron a las siguientes conclusiones: a) el tiempo hasta el agotamiento fue mayor cuando se utilizó glicerol para rehidratarse; b) la rehidratación inducida por el glicerol incrementó significativamente la restauración del volumen plasmático en los 60 minutos después de los 180 minutos del periodo de rehidratación; y c) el volumen total de orina fue menor y el porcentaje de rehidratación fue mayor tras la ingesta de glicerol, pero en ningún caso se encontraron diferencias significativas.

 
   
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